domingo, 23 de julio de 2017

RECOPILACIÓN DE RECURSOS DE ESCRITURA - PÁGINA DE FUENTETAJA

Navegando por la red en busca de entradas y recursos sobre escritura creativa, he visto este directorio recopilado por Fuentetaja que todo escritor debería tener a mano y que me dispongo a trasladar aquí.

Si pincháis en los enlaces veréis que os redirigen a distintas secciones de Fuentetaja (Talleres de escritura) con más información, agrupada y clasificada de forma que no tiene desperdicio.


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miércoles, 31 de mayo de 2017

EL BLANCO: Minucias colaterales






Escultura "SUPPORT"  de Lorenzo Quinn




Los asistentes a la fiesta llegaron de todas partes: del norte, del sur, del oeste y de al lado.
Traían por delante, sus regalos; a la espalda, sus mochilas llenas; por dentro, una buena colección de deseos, miedos, reproches. Y algunos hasta acababan de secar sus lágrimas, mientras otros parecían perdidos.
Unos pocos ignoraban a los otros, los del fondo desconocían... Empezó a desmoronarse la confianza.
Se resquebrajaban los muros, se deshilachaban las cuerdas, no adherían los apegos, y todo parecía oscurecer a pesar del aspecto de gala maquillada en blancos brillantes.

Pero entonces, algunos, no se sabe si los del Norte o los de Al Lado, decidieron observarse, conversaron y comenzó a brillar una mirada aquí, una sonrisa allá, incluso terminaron abrazándose.
Y sucedió el milagro: Unas manos gigantescas emergieron de lo más profundo, y tocaron, y crecieron.
Y se volvieron blancas como alas angélicas, y sujetaron, y acariciando suavemente, confortaron a todos. Y la fuerza del abrazo impidió el derrumbamiento, y terminaron tranquilos.
Se mantuvo íntegro el armazón del conjunto.
Y hoy respiran todos, orgullosos, exhaustos, humanos al fín y al cabo. Triunfó el blanco. En el recuento del día, no hay víctimas directas, tan solo minucias colaterales.
Se rumorea que hasta el homenajeado de la fiesta afirma que ese ha sido el día más feliz de su vida, tal fue el esfuerzo por el impulso del Blanco.


(Manoli Asenjo)







domingo, 28 de mayo de 2017

Un trocito de cielo







  El corazón palpitaba desbocado de dicha. Natacha se recostó sobre el poyete, contempló su casa nueva y dejó que los rayos del sol le cosquillearan la punta de la nariz. Poco a poco se fue dibujando en sus labios una sonrisa. Cerró los ojos y rememoró el largo camino que había recorrido hasta llegar allí.

  Su padre había sido buhonero. Vendía baratijas de pueblo en pueblo en un carromato pintado de rojo y azul, tirado por Willa, una burra muy coqueta que se negaba a andar si no la engalanaban con cintas de seda amarillas. A Natacha le parecía oler la fragancia que desprendían las amapolas en primavera. Al pasar por los campos florecidos, Willa se paraba en medio del camino a comer las margaritas sin que las voces de su padre tuviesen poder alguno sobre el testarudo animal. 

  Pero a Natacha le cansaba tanto ir de pueblo en pueblo sin detenerse en ninguno sino unos días. Contemplaba con envidia a las muchachas de su edad que se acercaban al carromato a comprar una peineta de plata, una cajita forrada de terciopelo o un abanico de encaje. Soñaba ser como ellas y se preguntaba cómo sería vivir en una casa y ver el mismo trocito de cielo cada mañana al despertar.

  En una bolsita de tela, guardaba sus ahorros que para cumplir algún día su sueño. Así pasaban los días, las semanas, los años, sin que el montoncito de monedas se elevara una pulgada.

  Pero la espera se había visto recompensada. Su padre, abrumado por la fatiga de los años, vendió el viejo carromato y compró una casita en la ciudad. Natacha ya podía contemplar el mismo trocito de cielo cada día y Willa deleitarse a su placer con las margaritas.



© Ana Madrigal Muñoz
Todos los derechos reservados

viernes, 26 de mayo de 2017

El reencuentro

La imagen puede contener: personas sentadas y calzado
La conversación (Etienne) La Habana, Cuba.

Tanto tiempo llevaban en silencio. Tanto tiempo sin alargar las horas conversando, sin enhebrar verbos ni proyectos, sin sumar sueños ni encontrar un hueco por el que abrazarse, aferrados como estaban a los restos de sus naufragios. Tanto tiempo llevaban sin hablarse, tanto tiempo, que, después de vaciar el corazón y el alma por la red, buscando por separado aquello que habían perdido, cuando al fin dieron el paso para conocerse y se encontraron en el parque, no se reconocieron.

Las horas habían hecho tanta mella en sus contornos, abierto tantas grietas en sus cinturas que ya no eran los mismos. No repararon en lo familiares que se hacían el uno al otro, en la coincidencia de sus nombres ni en sus heridas y, contra viento y marea, así, tal como estaban, medio difuminados, decidieron comenzar de nuevo.
                                                                                MVF©



Aires de cambio


La imagen puede contener: 1 persona, de pie, cielo y exterior
La Turista (Vadim Borovykh)




Cuando avistó el puente suspiró, liberada, por primera vez en mucho tiempo. El verano ruso era lo más parecido a la fresca primavera o los primeros albores del otoño de su región. Después del año maratoniano que acababa de pasar, había decidido tomarse un largo descanso. No soportaba seguir viviendo en el mismo sitio, recorrer los mismos caminos de regreso a la soledad de su casa, como si nada hubiese pasado. Como si los árboles no siguiesen siendo los mismos que acogieron las promesas de amor que habían hecho bajo sus ramas. Como si las farolas, los cafés, las paradas del metro y hasta el empedrado de las calles, no fuesen mudos testigos de sus noches, sus horas compartidas, el eco acompasado de sus pisadas. Ahora, descalza y apoyada en el muro, de espaldas al río Volkhov, saboreaba en toda su intensidad la experiencia de sentirse turista en una tierra nueva. Había venido por unas semanas pero, contemplando las formas cambiantes de las nubes, se le ocurría que quizás estaría bien dejar que decidiesen las circunstancias.
 
                                 
                                                                            
                                                                   Manoli VF



miércoles, 10 de mayo de 2017

Volved a Casa

¿Qué les pasa, Berta? ¿Por qué no se miran, no dialogan? ¿Dónde quedaron aquellas risas y los proyectos, y la alegría juntos?
Yo que sé. Ella te sigue queriendo, pero la ambición, las prisas, las técnicas modernas, el dinero, la falta de tiempo y el orgullo… Muchos frentes contra el amor.
Ella cree que no la valoras, él se siente despreciado. Nada de eso es verdad, pero aquí nos han dejado, solos.
Hay quien dice que cuando un ser humano toma la decisión de rendirse, las células de su cuerpo empiezan a morir desde ese mismo instante. Y eso es lo que han hecho: rendirse; sentarse, sin mirarse a los ojos, dejarse caer y esperar al fin.
Son dos adultos necios que han olvidado su niño interior. No ha sido por maldad, simplemente no son felices, porque no se han dado cuenta de que están equivocados.
Pero aquí estamos, tenemos que luchar, empujarlos a nuestro encuentro. Que vuelvan, que miren aquí dentro. Si nos encuentran nos recuperarán y perdonarán, y si nos perdonan se perdonarán a sí mismos y entonces volverán a aceptar a los demás con capacidad de amarlos sin medida.
Venga, vamos a llamarlos. ¡Eh! ¡Berta!, ¡Joel! somos vuestros niños heridos. ¡Bajad a abrazarnos, a recogernos, a mimarnos y aceptarnos otra vez! Por favor…
Mira… ¡Sí! Sí…Ya se vuelven. Te dije que aún nos querían. No todo está perdido.


"Love" Alexander Milov (Burning Man, Festival, 2015)


(Manoli Asenjo)

sábado, 6 de mayo de 2017

DISCURSO PARA LA BESTIA

Despierta, no seas iluso. No te dejes engañar. Sí, ya sé que estabas solo, pero me han puesto aquí para que te avise. No temas.
Pero bueno, te pones en posición de ataque, resoplas, escarbas… ¡Uy qué miedooo, ja ja ja! ¿No ves que empleas una falsa táctica de ataque antes de la defensa? Te has creído todo lo que te han dicho, que eres una fiera asesina dispuesta siempre a embestir para matar. Que hay que batirse contigo en un duelo a muerte… ¡y que eso es una fiesta! Muchos eruditos lo han llamado arte Te mienten. Sobre todo, aquél que ha escrito: “En verdad, detrás de la fiesta hay todo un culto amoroso y delicado en el que el toro es el rey".
No eres el rey, eres el reo. Ellos son los criminales. No tú. Ellos harán negocio contigo. Tú no sabes lo que es el dinero, ellos sí; son capaces de mentir, matar constantemente por obtenerlo. Tampoco entiendes de estos verbos, animal incorrupto, ni probablemente sepas qué es la sangre, bajo ese aspecto de fiera. Pero ellos la harán correr; y bailarán sobre tu estela roja, al compás de músicas de fiesta, te arrastrarán bajo el furor de los vítores, de los aplausos. No, querido, el hombre es la bestia. Es tu enemigo, es tu opción mortal. Vete. Sálvate. Ahora, que aún no es tarde.
Manoli Asenjo