jueves, 19 de octubre de 2017

Des-encanto


Fuente de la imagen: dibujosa.com

Frase de arranque: Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales.

Elogio de la impuntualidad / Fernando León de Aranoa
(Aquí yacen dragones)

Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales. El día en que iba a casarse se retrasó tanto, que su novio se cansó de esperarla. No conseguía continuidad en ningún trabajo, porque llegaba casi a la hora de echar el cierre. A pesar de contar con varios despertadores, no lograba desprenderse del gafe de la tardanza. Siempre había atascos cuando iba en coche, imprevistos cuando iba andando. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que había llegado  tarde a su juventud, al amor, a la dieta, a las vacaciones,  incluso a la jubilación, y, desesperada, decidió adelantarse para no llegar también con retraso a la muerte, ya que el tren de la vida había agotado sus pasajes. Cuando ya lo tenía todo preparado, sintió un súbito dolor ascendiendo desde el centro del pecho y comprendió que, una vez más, su destino le había tomado la delantera.

Manoli VF

La Herramienta

La imagen puede contener: planta y exterior
Fuente de la imagen: endimages.s3.



Frase de arranque: "Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle"
(Del microrrelato Secretos I de Isabel Wagemann)

Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable, va hasta el pozo y se zambulle. No se recoge la larga melena que, más tarde, utilizará de cuerda para salir. No tiene miedo a las profundidades porque es una niña ondina, producto del sueño de Raquel que, desde que vio aquella maldita película de la niña fantasma, no deja de soñar lo mismo, noche tras noche. Primero observa como la niña se zambulle para, al rato, lanzar a la superficie la melena. Su melena que, poco a poco, se retuerce y enrolla como una serpiente sobre la polea, hasta convertirse en cuerda por la que escalará el espectro onírico para mirarla fijamente, una vez que esté fuera. La mayoría de las noches, mucho antes de que la ondina apoye sus pies húmedos sobre el suelo, Raquel estará gritando despierta. Pero esta noche tiene una herramienta. La experta en sueños le ha dado una tijera. En cuánto asomen los infernales cabellos por la boca del pozo, ella los cortará, rápida, y llenará el hueco de piedras.

©Manoli Vicente Fernández


Fuente de la imagen: endimages.s3.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Reflexiones el el cuarto de baño




La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño. Al principio no me molestaba, pero ahora no escucho otra cosa. En realidad, la culpa es del cretino de mi ex. Eso es lo que de verdad me mosquea. Siempre ha salido zumbando detrás de otras mujeres, pero nunca lo había hecho en serio, nunca se había atrevido a engañarme... Siento que... ¡oh!...

El zurullo interrumpe mis pensamientos al caer al retrete. ¡Se lo dedico! Es un comemierdas, siempre lo he dicho.

Mientras cojo el papel higiénico, recuerdo a la rubia de bote con la que me ha puesto los cuernos. ¿Sabría que estaba saliendo con un tío comprometido? No creo que su conciencia esté más limpia que mi ojete.

La mosca sigue revoloteando. Me pone de los nervios y la mato de un zapatazo.

Mientras la lanzo a la taza, pienso: sepultada en mierda, el sueño de toda mosca. Tiro de la cadena deseando que cierto moscardón encuentre su final enterrado en las tetas de una rubia.




UNA FRASE, VARIAS HISTORIAS- HISTORIA 2

«La mosca revoloteaba sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño». (José María Merino)

Autora: Noemí Hernández Muñoz

Imagen: sferrario 1968 (Pixabay)

jueves, 12 de octubre de 2017

Dulces Sueños

Fuente: web mitoscortos.org


Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle. Mientras su cuerpo desciende, los mechones de pelo se elevan y bailan en el agua, como culebras. No abre los ojos, pero sabe que todo está oscuro, como la boca de un lobo. Siente el agua como un líquido espeso y viscoso, en el que sobreviven pequeñas formas de vida marginadas por la naturaleza. Algunas le rozan, otras muerden sus tobillos, y la más grande de todas, araña como un gato salvaje.
Le araña los brazos, empujándola hacia abajo. La niña se pellizca la nariz con fuerza, evitando que escape el aire. Agita sus piernas con torpeza, también la mano que le queda libre, y en un movimiento topa con algo que agarra con fuerza. Es otra mano, no más grande que la suya… La suelta aterrada, con asco. Percibe el sabor de la cena subiendo por su esófago, cuando nota que se han desprendido algunos dedos, y se deshacen entre su mano.
Una voz femenina la eleva con vigor hasta la superficie, sin tiempo para una adecuada descompresión. La niña observa a su madre con la mirada perdida, ensimismada, mientras sigue enrollando uno de sus rizos al dedo índice.
- Anda, deja de hacer eso, que luego te despiertas con todo el pelo enmarañado.

La nena se acaricia la melena, respira hondo y lanza el libro hacia los pies de la cama. Piensa que desde ahí ya no podrá arañarla.

"Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle". Secretos I de Isabel Wagemann

Autora: Ana Pascual Pérez

jueves, 28 de septiembre de 2017

Tener siete vidas, como los gatos.







La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño, intentando recomponerse. Algo parecido al zarpazo de un león la ha lanzado contra los azulejos, y ahora ya no sabe... La frase se repite dentro de su cabeza como un mantra, insistente y molesto, colaborando aún más al desconcierto.

Aun así, no piensa que haya sido mala idea lanzarse en picado hacia el lavabo, a la caza de la pestaña que había dejado olvidada la humana. Le había visto hacerlo con los niños. Siempre sonreían cuando el pelillo desaparecía de un soplido, como por arte de magia.

Intentó soplar varias veces, sin éxito. Hasta que se le ocurrió formar un torbellino moviendo con frenesí sus diminutas alas, provocando un leve zumbido.

"La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño" de José María Merino
Autora: Ana Pascual Pérez

miércoles, 27 de septiembre de 2017

La huida


"Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado aquí sin miedo"  ( Nuria Amat: La extranjera)


  Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado aquí sin miedo. Estaban cansados y hambrientos. No se arrepentían de haber escapado; lo hablaron, lo meditaron y al final chocaron sus manos como un trato entre ellos, un seguir juntos y afrontar lo que les viniera encima. Iba a ser muy complicado seguir caminos sin que los encontrarán, pero lo intentarían, aunque tuvieran que caminar de noche y esconderse durante el día.
Se sentaron a la sombra del Faro a esperar la noche para continuar. Ella cerrò los ojos e intentaba dormir un poco, pero los pasados acontecimiento se empeñaban en revolotear por su mente como burbujas de jabón que explotan continuamente.
"Y cómo lo digas te corto la lengua"
Él se acurrucó a su lado. Protector. No iba a permitir que nadie le hiciera daño. Apretaba su mano con fuerza, cómo una cadena que la uniera a ėl para siempre.
No podían volver. Eso lo tenían claro los dos. Estaban juntos desde el primer día en el vientre de su madre y seguirían juntos siempre. Aunque la vida les marquen destinos diferentes, él no la abandonaría jamás. Vivió su pesadilla, su angustia, sus llantos... Pero no podía hacer nada. Ahora sí, ahora nadie la humillaría ni la dañaría.
Y así, acurrucados los dos, contemplaron la puesta de sol más hermosa que jamás habían visto. Quizá eso sea una señal -pensó- quizá veamos otras muchas puestas de sol.


María Manrique



Faro de Maspalomas (Gran Canaria)


PASAPORTE




(imagen de Google)

UNA FRASE VARIAS HISTORIAS- HISTORIA2
"La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de Baño" (José María Merino)



La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño.
Aun le quedan fuerzas para mirarme, satisfecha, después de tanto banquete putrefacto. 
Al olfato, como a las pupilas, les cuesta acostumbrarse a la mezquina caverna, a medida que voy descendiendo, peld
año a peldaño, por la escalera de acceso, oculta tras una falsa pared. 
Por unos orificios al ras del techo se cuela el frío y el ruido lejano de la calle. El sol, que se resiste a entrar, vuelve al recinto, espectral. Se respira una atmósfera compacta, infecta. Olores nauseabundos, colores chillones, muebles desvencijados, recipientes con un pastiche repugnante que nunca olió mejor. Todo es abominable en este corralón. Si tuviera que pensar en el infierno, elegiría este lugar.
Quedan restos de la toma rápida de la situación. La gente de investigaciones irrumpiendo con sus armas a grito batiente, haciéndose paso entre tiros y golpes. Las mulatas se amontonan, susurran, ruegan, lloran. Ninguna se atreve a gritar. Sus miradas se cruzan en un pedido de auxilio, creyendo una vez más, que será inútil. 
Pero no, esta vez despertarán de esta pesadilla que comenzó cuando creían llegar a la libertad.
Una discreta esperanza asoma a sus ojos, a medida que ascienden, y alguien con una manta y un café caliente intenta animarlas. 
Es posible que por fin, pisen tierra firme de verdad.

Vivian Rodríguez Dorgia